Caso práctico
A mediados de junio de 2007, la Asociación de Futbolistas de Irlanda (FAI) hizo público el lanzamiento de un Plan Intercultural destinado a la prevención de las actitudes racistas y xenófobas tanto dentro como fuera de los terrenos de juego, en un intento de contribuir a la plena integración de todas las capas que integran la sociedad irlandesa.
La base conceptual de esta novedosa acción contra el racismo se haya en un dato revelador: aproximadamente el diez por ciento de la población que reside actualmente en la República de Irlanda es de nacionalidad no irlandesa, una proporción que además se ha doblado en los últimos años. En paralelo a este rápido crecimiento, lamentablemente, también se han generalizado entre la población las actitudes racistas y de discriminación social, una corriente que ha encontrado un poderoso canal de difusión en los deportes masivos –sobre todo en el fútbol–, pero que también está presente diariamente en la cotidianeidad de las calles de los pueblos y ciudades irlandesas.
Paul McGrath, ex futbolista internacional absoluto por Irlanda, fue el encargado de presentar y promover el Plan Intercultural de la FAI a partir de cuatro ejes principales: combatir el racismo en el fútbol, promover la participación en el mismo de las minorías étnicas y culturales, desarrollar una cultura del fútbol como elemento dinámico y globalmente competitivo y, finalmente, contribuir al proceso de integración social de los recién llegados a Irlanda. La elección de McGrath como cabeza visible del proyecto no atendió únicamente a su condición de celebridad nacional, sino también a su propio historia de superación, en tanto que Paul, de madre irlandesa y padre nigeriano, sufrió el racismo en su propia carne durante una dura niñez que transcurrió entre orfanatos.
A partir de los cuatro ejes citados anteriormente, el programa contempla diversas acciones. En primer lugar, la adhesión y promoción por parte de la FAI del 10-point plan promovido por la FIFA, un decálogo de diez puntos creado en 2002 para la superación de las actitudes racistas en el contexto futbolístico. En segundo, el estudio en profundidad del peso del racismo entre las hinchadas de los equipos irlandeses y el desarrollo de acciones destinadas a minimizarlo, tales como la difusión de unas normas lingüísticas apropiadas para abordar la diversidad cultural y racial, la revisión de las medidas de seguridad de los campos de fútbol, el endurecimiento de las sanciones a jugadores por el uso de insultos racistas, etcétera. A continuación, el programa y sus máximas se trasladaron, en primer lugar, a los equipos de la liga irlandesa y, en segundo, a los socios y aficionados de los mismos, en un intento de sumar esfuerzos en la lucha compartida por la deportividad y el respeto a la diversidad en el contexto del deporte rey. En paralelo a esta función de lobby, la FIA desarrolló en el marco del programa numerosas acciones para acercar el fútbol a las comunidades más pobres de la sociedad irlandesa o a colectivos habitualmente olvidados, una tarea en la que de nuevo se volvió a implicar a los clubes de la Eircom League.
En el diseño de esta iniciativa, la FAI identificó e involucró a stakeolders clave, incluyendo a entidades con un ámbito de acción colidante al del Plan Intercultural tales como Show Racism the Red Card, Sport Against Racism in Ireland, el Comité Consultivo Nacional de Racismo y Multiculturalidad o el Ministerio de Justicia, Igualdad y Reforma Legal. Este último, además, proveyó de fondos a la campaña. Por último, cabe destacar que esta iniciativa de la FAI no es una acción aislada en el ideario de la asociación, sino que la entidad ya había mostrado su interés por mejorar la cohesión social a través del fútbol al crear dentro de su organigrama la figura del Coordinador Nacional de Interculturalidad, una competencia que muy pronto integrarían en sus estructuras otras asociaciones irlandesas y del ámbito internacional.