Archive for Noviembre, 2007

Creado el 29-11-2007 [Reino Unido, Discapacidad, Escalada]

La vida del galés Tom Whittaker, relacionada a muy temprana edad con la escalada, dio un giro de ciento ochenta grados en 1979 cuando un vehículo descontrolado colisionó con su coche causándole una severa lesión que condujo a la amputación de su pie derecho y a la extracción de la rótula de la misma pierna. Su espíritu de superación y el recuerdo imborrable de su paso por cimas tan emblemáticas como el Monte McKinley en Alaska o el europeo Matterhorn hicieron que, superadas las primeras instancias de su larga recuperación, Whittaker se reencontrara con la montaña mediante la creación en 1981 del Cooperative Wilderness Handicapped Outdoor Group. De la fundación de ese grupo de apoyo a deportistas discapacitados en adelante, Tom empezó a madurar el que sería el hito deportivo que inscribiría su nombre en la historia de la escalada para siempre: el ascenso al Everest que completó con éxito en 1998.

Para coronar esta descomunal y severa cima –la más alta del planeta, con 8.848 metros de altura–, Tom necesitó tres intentos. En el primero, en 1989, una dura tormenta quitó la vida a cinco de sus compañeros de ascensión y forzó su retorno al campamento base; el segundo, en 1995, se frustró a escasos 1.500 metros de la cima, lo cual supuso una dura prueba psicológica para Whittaker. Pero, a pesar estas traumáticas experiencias, en 1998 la convicción de Tom en el éxito de su tercera acometida era total: como muestra de su fe en el proyecto, él mismo escogió a sus compañeros de ascenso, se encargó de gestionar la financiación de la expedición, y enroló en la misma a un equipo de filmación con el que recoger su aventura en imágenes. Su entusiasmo y tesón quedaron plenamente justificados el 27 de mayo de ese mismo año, fecha en que coronó la cima del Everest y pasó a la historia como el primer discapacitado en dejar impresa la huella de su pie ortopédico en el punto más alto del planeta. El triunfo de la expedición en el terreno deportivo se trasladó muy pronto al ámbito del márketing y la comunicación, y el documental de la CBS «A Footprint on Everest» (en inglés, Una pisada en el Everest) se alzó con el prestigioso Telly award y cosechó un gran éxito de público y crítica.

Al término de su aventura en el Everest, Whittaker se propuso seguir haciendo historia y convertirse en el primer discapacitado en alcanzar las cimas de las denominadas Siete Cumbres, los más altos picos de los cinco continentes –Aconcagua (Sudamérica), Elburus (Europa), Kilimanjaro (África), Kosioka (Australia), McKinleyy (Norteamérica), Vinson (Antártida) y el ya coronado Everest (Asia)–. Completado en el curso de cuatro años, de 2000 a 2004, este enorme reto fue dirigido por Whittaker hasta en su más mínimo detalle, y el propio Tom articuló a través de su página web la atención a los medios y la estrategia de patrocinio que hizo posible la aventura.

En paralelo a estas proezas deportivas, que han convertido a Whittaker en un nombre de referencia en el ámbito del deporte adaptado, Tom dio continuidad a su labor solidaria al frente del Cooperative Wilderness Handicapped Outdoor Group creando la organización no-gubernamental Wind Horse Legacy, cuyo fin fundacional es identificar y dar apoyo a iniciativas o programas que favorezcan la integración social y la mejora en la calidad de vida de las personas discapacitadas.

En su página personal en Internet, Andy Campbell destaca una sentencia del filósofo alemán Friedrich Nietzsche que compendia a la perfección el ideario de este emprendedor deportista británico: «Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos». En el caso de Campbell, ese cómo hace referencia a su paraplejia, causada por un trágico accidente de escalada ocurrido el 24 de abril de 2004 en el transcurso de un ascenso al Stanage Edge, en el condado inglés de Derbyshire. La profusión en los detalles en la explicación que el propio Campbell ofrece de tan dura vivencia en su web deja claro el riesgo de muerte que sufrió con su caída, y justifica que Andy se refiera a ese día como al más feliz de su vida, y que lo considere «sólo el principio de otro capítulo». Ese nuevo capítulo ha tenido en el espíritu de superación y en la práctica deportiva sus dos principales piedras de toque, y ha convertido a Andy Campbell en un caso de estudio sobre cómo el deporte puede rehabilitar en el sentido más amplio del término a las personas discapacitadas.

Veterano de la guerra de Irak y apasionado de los deportes de riesgo con anterioridad a su accidente, Andy Campbell se reincorporó rápidamente a la vida activa y a la práctica deportiva transcurridos los siete meses de ingreso hospitalario que siguieron al fatal desenlace de su ascenso al Stanage Edge. Sólo tres meses más tarde, Campbell esquiaba a toda velocidad por Suecia, y poco después se convertía en el primer discapacitado en saltar en parapente desde los escalofriantes 1830 metros de altura de la montaña turca de Babadag. Las cuatro disciplinas a las que Campbell ha consagrado su inacabable energía desde 2004 han sido el esquí, el buceo, el ciclismo en modalidad de montaña y el parapente. En la práctica de todas ellas, de la que Andy habla extensamente en su página –ilustrando sus aventuras con numeroso material fotográfico–, Campbell ha encontrado una forma de reencontrarse con el riesgo y la adrenalina, y de probarse a sí mismo sus ilimitadas capacidades a pesar de vivir postrado en una silla de ruedas.

Pero, además de compartir con el mundo su inspiradora historia de superación, meritoria en sí misma y de contagioso optimismo, Campbell ha querido llevar más allá su compromiso con las personas discapacitadas y ha participado en numerosas actividades destinadas a recaudar fondos. Buena prueba de ello fue su vuelta en bicicleta al Reino Unido, que durante sus mil seiscientos kilómetros de trayecto logró amasar un donativo de 11.000 euros destinado precisamente al Edale Mountain Rescue Team, el equipo de rescate que le permitió salir con vida de su fatal accidente en abril 2004.

El próximo reto que Campbell se ha propuesto afrontar es su participación en los Juegos Paralímpicos que se celebrarán en la metrópoli canadiense de Vancouver en 2010. Cima indiscutible del deporte adaptado, la cita olímpica –en la que Andy aspira a competir formado parte del equipo británico de esquí– constituye para Campbell la culminación de una vida valiente en que se ha medido a las más severas adversidades con la ayuda de valores directamente relacionados con la práctica deportiva: la deportividad, la importancia de participar por encima de la victoria, etcétera. La asimilación y exaltación de todos ellos en su vida le convierten en un ejemplo paradigmático de cómo enfrentarse a una discapacidad de forma íntegra con la ayuda del deporte.