Vela

Creado el 13-12-2007 [Vela, Reino Unido, Discapacidad]

La británica Hillary Lister sufrió en su pubertad una enfermedad neurodegenerativa que le fue limitando el uso de su cuerpo hasta llegar a una situación de cuadraplegia, que comparte en la ciudad de Canterbury con su familia: su marido y su perra Labrador. A pesar de reconocer haberse sentido tentada a poner fin voluntario a su vida en alguna ocasión, Hillary ha presentado siempre batalla a su empeoramiento físico en la mitad más reciente de su vida.

Fue en 2003 cuando una irrupción en el mundo de la vela le proporcionó un renovado ímpetu y ocasionó una transformación de la vida de esta mujer. Tal es así que, dos años después, en agosto de 2005, Hillary Lister fue la primera persona cuadraplégica en atravesar el Canal de la Mancha en solitario, desde Dover hasta Calais, tras seis horas de navegación. Su barco, un Artemis 20 denominado “Malin”, fue acondicionado para integrar un sofisticado sistema de guiado y navegación que emplea novedosas tecnologías de movilidad para personas con discapacidades motoras severas. Se trata del sistema “sip and puff” (literalmente, “sorber y soplar”) basado en un mando central accionado por la boca del navegante, el cual, a la vez, se integra en un casco muy ligero situado en su cabeza. De esta manera, el piloto puede ejecutar las maniobras precisas, controlando las velas y el timón por medio de soplidos y aspiraciones sobre unos tubos de control que convierten las señales en órdenes electrónicas concretas. Con mucha pericia, Hillary fue capaz de superar una travesía de elevada dificultad, dadas las condiciones de turbulencia marina que suelen esconder las aguas del Canal. En aquel momento, su gesta tuvo mucha repercusión mediática y Hillary no se cansó de explicar que “el desafío del canal realmente salvó mi vida. Navegar me da una sensación de libertad que pensé haber perdido para siempre”. La compañía británica Pindar, de comunicaciones y servicios, patrocinó la aventura.

Igualmente, Hillary decidió emplear su notoriedad y la de sus proyectos para ayudar a otras personas con discapacidad e intentar cambiar la visión que tiene la sociedad de los ellas. Uno de sus objetivos concretos desde entonces es el de recaudar fondos para que las personas con discapacidades puedan practicar la vela deportiva. Hillary está acompañada de un equipo de personas que la ayudan en su preparación técnica y mental para el deporte náutico. Su reto en los meses venideros consiste en una navegación en solitario alrededor de las Islas Británicas, prevista para el verano de 2008. El recorrido se piensa realizar en navegaciones cortas y cercanas a la costa de un día de duración. Al final de cada jornada, su equipo registrará sus coordenadas finales por medio de un GPS, de manera que, al día siguiente, pueda retomar su travesía desde el mismo punto geográfico donde lo dejó en el precedente. La duración estimada del proyecto desarrollado en esta modalidad es de entre tres y cuatro meses, dependiendo de las condiciones meteorológicas. El viaje le permitirá a Lister navegar el Mar del Norte, el Mar de Irlanda, el Canal de la Mancha y el de Caledonia. El proyecto náutico y deportivo se complementará con un complejo programa social que aprovechará la estancia del equipo en las distintas ciudades del litoral británico, tanto en Inglaterra, como en Escocia, Irlanda, Irlanda del Norte y Gales. En cada puerto se promoverá el encuentro y la ocasión de convivencia de la población local con la deportista.

En una sociedad en que a menudo los jóvenes viven sumidos en una desmotivación y una falta de valores preocupantes, iniciativas como el Ocean Youth Trust Scotland tratan de educar en valores a las nuevas generaciones mezclando aprendizajes de capital importancia sobre compañerismo, conciencia medioambiental o trabajo en equipo con el deporte, en una ecuación que a menudo devuelve mejores resultados que la labor de los docentes de las escuelas y los institutos. Con base en Glasgow y fundado en 1999, el Ocean Youth Trust escocés nació de la reestructuración de la entidad homónima que durante la década de 1990 operaba en todo el Reino Unido. La asociación cuenta una embarcación de tipo ketch de 70 pies diseñada especialmente para trabajar con gente joven, así como con un Jeanneau de 43 pies con el que varios chicos y chicas tienen la oportunidad de participar cada año en diversas competiciones del calendario de la británica Royal Yachting Association (RYA).

Esta flota, así como los responsables de la entidad y su cuerpo de voluntarios, están al servicio de una misión educativa que puede resumirse en once objetivos principales: mejorar la autoestima de los beneficiarios de la iniciativa, fomentar el trabajo en equipo y la confianza mutua, mejorar su capacidad resolutiva y sus dotes de mando, promover los valores de equidad y justicia, valorar la importancia de la formación continua, hacer que los chicos y chicas que participan en sus programas se responsabilicen de sus propias acciones, favorecer que entiendan sus necesidades y trasfondos individuales, fomentar el sentimiento de comunidad y el activismo ciudadano, desarrollar aptitudes sociales, respetar el medio ambiente y, por último, aprender a navegar. Este ambicioso programa se lleva a cabo gracias, en parte, a las peculiaridades del deporte náutico y de las rutas en grandes embarcaciones en particular, que suponen un reto constante para sus participantes, y que los pone en situaciones en que necesitan poner de manifiesto todos estos aprendizajes constantemente para que la convivencia a bordo sea soportable y para que su travesía por alta mar no se vea frustrada.

Los diferentes viajes que Ocean Youth Trust Scotland ofrece a sus jóvenes beneficiarios –con edades comprendidas entre los 12 y los 24 años– van de un bautizo en el mar de un día de duración a duras travesías de hasta dieciséis días, y todos ellos cuentan con una fase previa de formación asistida por voluntarios formados por la propia organización. Algunos de los viajes temáticos que ofrece la entidad se encuadran en citas náuticas del calendario escocés como la West Highland Week, la Scottish Islands Peaks Race o las Scottish Series.

La financiación de la Ocean Youth Trust Scotland, que beca a los jóvenes que quieren participar en sus viajes pero no disponen de recursos suficientes, se realiza mediante la contribución de empresas patrocinadoras y de donantes individuales, así como mediante la venta de merchandising a través de su página web. Por lo que respecta a los voluntarios, cuya participación es fundamental en el desarrollo de los viajes, se estima que anualmente retribuyen a la entidad un total de 27.000 horas de trabajo, lo que en términos financieros equivale a una donación de más doscientos mil euros de en concepto de trabajos rendidos. La formación de estos voluntarios se divide en cuatro materias: la formación estándar exigida por la Royal Yachting Association (RYA) tanto en travesía como en tierra, el curso específico para poder enseñar de forma divulgativa el manejo de una gran embarcación, y un modulo específico de gestión de la tripulación y trabajo con jóvenes.

Con base en el puerto de Simon’s Town, localidad sudafricana próxima a Ciudad del Cabo, la escuela náutica Izivunguvungu –que recibe su nombre de una palabra en idioma isizulu referida a un tipo de viento fuerte y rápido– nació en 2001 por iniciativa de Ian Ainslie, experto matemático y exponente olímpico del deporte náutico africano, en colaboración con su amigo e instructor de vela Matthew Mentz. Originada a partir de la fundación homónima subvencionada por la naviera española Mediterranean Shipping Company (MSC), el objetivo de la escuela en sus orígenes fue formar a varios de los jóvenes tripulantes del equipo Shosholoza, uno de los desafíos que concurrieron a la edición de la America’s Cup celebrada en Valencia en 2007, para pasar a convertirse más adelante en un centro deportivo de alto nivel que abre sus puertas preferentemente a los jóvenes desfavorecidos con difícil acceso al ámbito laboral y con problemas de integración social. La popularidad del programa conjunto con el equipo Shosholoza, uno de los desafíos que recibió una mayor atención mediática en la cobertuda de la America’s Cup, dio el pistoletazo de salida por todo lo alto a una iniciaitva que, con el tiempo, se ha estabilizado y convertido en una iniciativa no lucrativa de gran alcance y proyección.

Convencidos de los valores intrínsecos a la práctica de un deporte que fomenta tanto la cultura de equipo como la vela, y de la solidad oportunidad de forjarse un futuro en el ámbito náutico que supone una formación adecuada y basada en la excelencia en esta disciplina, los responsables de la escuela Izivunguvungu acogen a más de ciento setenta chicos y chicas de entre 11 y 18 años de las poblaciones de Red Hill, Ocean View, Masiphumalela y Simonstown, y les explican los fundamentos no sólo de la competición náutica, sino de la construcción naval, el medio ambiente, los hábitos de vida saludables y la alfabetización.

Los programas de la escuela se dividen en cinco categorías. En primer lugar, la academia náutica combina clases de navegación, nociones básicas sobre náutica y entrenamientos en las categorías de keelboat y dinghy sailing destinadas a formar futuros campeones sudafricanos de procedencia humilde. El departamento de Deep Sea Angling organiza salidas a la bahía de False Bay para practicar la de pesca gran altura en alta mar, una práctica que fomenta especialmente el trabajo en equipo. En tercer lugar, la sección de actividades deportivas y medioambientales incluye disciplinas alejadas de la línea de mar como la escalada de rocas o el montañismo u otras de tipo subacuático como el body surfing, combinándolas con programas divulgativos sobre reciclaje, funcionamiento de ecosistemas, etcétera. Asimismo, la Izivunguvungu Sailing School cuenta con una academia de música integrada por una banda de metales y por un coro que amenizan varias de las competiciones organizadas por la propia escuela o en las que toman parte sus estudiantes, y también con una división que, bajo la denominación de Schooling Projects, ofrece a los beneficiarios de los programas de la escuela clases de refuerzo de física y matemáticas en que los casos prácticos sobre el mundo de la vela amenizan la lección.

Además de contar con una regata propia promovida por la Fundación Izivunguvungu en colaboración con la Marina Sudafricana, que con el tiempo se ha convertido en una cita importante del calendario nacional en la clase dinghy, la escuela fomenta la competitividad saludable entre sus alumnos brindado al mejor de cada semana la posibilidad de participar en una serie eliminatoria que da acceso a los mejores de cada promoción a regatas y competiciones oficiales celebradas por toda la geografía sudafricana.

Creado el 09-06-2007 [Vela, Internacional, Filantropía]

Tras pasar ciento veintitrés días, siete horas y un minuto a bordo de la embarcación acondicionada especialmente para su extraordinaria travesía, el Atlantic Wholffe, el navegante escocés Leven Sinclair Brown llegó a la costa de Tobago el 27 de enero de 2006. Atrás quedaban las 4.278 millas náuticas y las anécdotas y aventuras de su travesía oceánica, que se inició en las costas de Cádiz y que le convirtió en un hombre récord, émulo de Cristóbal Colón en su tercer viaje al Nuevo Mundo y una de las pocas personas que han viajado entre los continentes europeo y americano a remo. Además del reto intrínseco a un viaje de estas características, la motivación principal de Sinclair para acometer la bautizada como Columbus Run 2005 fue contribuir con el dinero recaudado durante su aventura a dos causas benéficas con sede en su Escocia natal: The Sportsman’s Charity y The One City Trust.

La organización benéfica The Sportsman’s Charity fue fundada en 1983 por los deportistas David MacLean y John Frame. Su fin fundacional es colaborar con individuos, entidades sin ánimo de lucro y empresas en la realización de todo tipo de acciones en beneficio de sectores sociales desfavorecidos, con especial atención a las acciones que incorporan el deporte como herramienta de integración o de mejora de las condiciones de vida de sus destinatarios. La entidad organiza, entre otras actividades, torneos de golf, cenas y festivales benéficos con los que ayuda a otras entidades o promueve programas de índole social, y su volumen recaudatorio ha ascendido a más de 1.600.000 euros en sus veinticuatro años de actividad.

Por su parte, The One City Trust opera en el marco de la ciudad de Edimburgo, y trata de recaudar fondos para paliar la marginalidad en la que viven sumidos diversos colectivos de la metrópolis escocesa. Con el objetivo de alcanzar la elevada cifra recaudatoria de 2,2 millones de euros en 2008, la entidad asiste a la comunidad mediante acciones directas o bien en colaboración con otras organizaciones, poniendo su acento en promover la educación, la asistencia social, el respeto a los derechos humanos, el fortalecimiento de las comunidades y la mejora de las condiciones de vida de los sectores más pobres de la sociedad.

La amplia cobertura mediática de su aventura transoceánica permitió a Leven Sinclair Brown promocionar estas dos iniciativas benéficas, así como articular un sistema de donaciones a las mismas a través de la página web de la Columbus Run 2005. El cien por cien de la recaudación obtenida mediante dicho sistema se repartió a partes iguales entre ambas entidades, en tanto que los costes del viaje del Atlantic Wholffe fueron cubiertos gracias al amplio respaldo financiero de numerosas empresas patrocinadoras como Helly Hansen, Ward & McKenzie, Stocktrade o Brewin Dolphin. El éxito de este reto, tanto en lo deportivo como en su no menos importante aspecto solidario, ha conducido a Sinclair a plantearse un nuevo reto a realizar entre 2008 y 2009: batir el récord de la travesía atlántica a remo en una nave de doce tripulantes, situado en la actualidad en treinta y cinco días, ocho horas y treinta minutos.