Desmotivación escolar

En una sociedad en que a menudo los jóvenes viven sumidos en una desmotivación y una falta de valores preocupantes, iniciativas como el Ocean Youth Trust Scotland tratan de educar en valores a las nuevas generaciones mezclando aprendizajes de capital importancia sobre compañerismo, conciencia medioambiental o trabajo en equipo con el deporte, en una ecuación que a menudo devuelve mejores resultados que la labor de los docentes de las escuelas y los institutos. Con base en Glasgow y fundado en 1999, el Ocean Youth Trust escocés nació de la reestructuración de la entidad homónima que durante la década de 1990 operaba en todo el Reino Unido. La asociación cuenta una embarcación de tipo ketch de 70 pies diseñada especialmente para trabajar con gente joven, así como con un Jeanneau de 43 pies con el que varios chicos y chicas tienen la oportunidad de participar cada año en diversas competiciones del calendario de la británica Royal Yachting Association (RYA).

Esta flota, así como los responsables de la entidad y su cuerpo de voluntarios, están al servicio de una misión educativa que puede resumirse en once objetivos principales: mejorar la autoestima de los beneficiarios de la iniciativa, fomentar el trabajo en equipo y la confianza mutua, mejorar su capacidad resolutiva y sus dotes de mando, promover los valores de equidad y justicia, valorar la importancia de la formación continua, hacer que los chicos y chicas que participan en sus programas se responsabilicen de sus propias acciones, favorecer que entiendan sus necesidades y trasfondos individuales, fomentar el sentimiento de comunidad y el activismo ciudadano, desarrollar aptitudes sociales, respetar el medio ambiente y, por último, aprender a navegar. Este ambicioso programa se lleva a cabo gracias, en parte, a las peculiaridades del deporte náutico y de las rutas en grandes embarcaciones en particular, que suponen un reto constante para sus participantes, y que los pone en situaciones en que necesitan poner de manifiesto todos estos aprendizajes constantemente para que la convivencia a bordo sea soportable y para que su travesía por alta mar no se vea frustrada.

Los diferentes viajes que Ocean Youth Trust Scotland ofrece a sus jóvenes beneficiarios –con edades comprendidas entre los 12 y los 24 años– van de un bautizo en el mar de un día de duración a duras travesías de hasta dieciséis días, y todos ellos cuentan con una fase previa de formación asistida por voluntarios formados por la propia organización. Algunos de los viajes temáticos que ofrece la entidad se encuadran en citas náuticas del calendario escocés como la West Highland Week, la Scottish Islands Peaks Race o las Scottish Series.

La financiación de la Ocean Youth Trust Scotland, que beca a los jóvenes que quieren participar en sus viajes pero no disponen de recursos suficientes, se realiza mediante la contribución de empresas patrocinadoras y de donantes individuales, así como mediante la venta de merchandising a través de su página web. Por lo que respecta a los voluntarios, cuya participación es fundamental en el desarrollo de los viajes, se estima que anualmente retribuyen a la entidad un total de 27.000 horas de trabajo, lo que en términos financieros equivale a una donación de más doscientos mil euros de en concepto de trabajos rendidos. La formación de estos voluntarios se divide en cuatro materias: la formación estándar exigida por la Royal Yachting Association (RYA) tanto en travesía como en tierra, el curso específico para poder enseñar de forma divulgativa el manejo de una gran embarcación, y un modulo específico de gestión de la tripulación y trabajo con jóvenes.

Con base en el puerto de Simon’s Town, localidad sudafricana próxima a Ciudad del Cabo, la escuela náutica Izivunguvungu –que recibe su nombre de una palabra en idioma isizulu referida a un tipo de viento fuerte y rápido– nació en 2001 por iniciativa de Ian Ainslie, experto matemático y exponente olímpico del deporte náutico africano, en colaboración con su amigo e instructor de vela Matthew Mentz. Originada a partir de la fundación homónima subvencionada por la naviera española Mediterranean Shipping Company (MSC), el objetivo de la escuela en sus orígenes fue formar a varios de los jóvenes tripulantes del equipo Shosholoza, uno de los desafíos que concurrieron a la edición de la America’s Cup celebrada en Valencia en 2007, para pasar a convertirse más adelante en un centro deportivo de alto nivel que abre sus puertas preferentemente a los jóvenes desfavorecidos con difícil acceso al ámbito laboral y con problemas de integración social. La popularidad del programa conjunto con el equipo Shosholoza, uno de los desafíos que recibió una mayor atención mediática en la cobertuda de la America’s Cup, dio el pistoletazo de salida por todo lo alto a una iniciaitva que, con el tiempo, se ha estabilizado y convertido en una iniciativa no lucrativa de gran alcance y proyección.

Convencidos de los valores intrínsecos a la práctica de un deporte que fomenta tanto la cultura de equipo como la vela, y de la solidad oportunidad de forjarse un futuro en el ámbito náutico que supone una formación adecuada y basada en la excelencia en esta disciplina, los responsables de la escuela Izivunguvungu acogen a más de ciento setenta chicos y chicas de entre 11 y 18 años de las poblaciones de Red Hill, Ocean View, Masiphumalela y Simonstown, y les explican los fundamentos no sólo de la competición náutica, sino de la construcción naval, el medio ambiente, los hábitos de vida saludables y la alfabetización.

Los programas de la escuela se dividen en cinco categorías. En primer lugar, la academia náutica combina clases de navegación, nociones básicas sobre náutica y entrenamientos en las categorías de keelboat y dinghy sailing destinadas a formar futuros campeones sudafricanos de procedencia humilde. El departamento de Deep Sea Angling organiza salidas a la bahía de False Bay para practicar la de pesca gran altura en alta mar, una práctica que fomenta especialmente el trabajo en equipo. En tercer lugar, la sección de actividades deportivas y medioambientales incluye disciplinas alejadas de la línea de mar como la escalada de rocas o el montañismo u otras de tipo subacuático como el body surfing, combinándolas con programas divulgativos sobre reciclaje, funcionamiento de ecosistemas, etcétera. Asimismo, la Izivunguvungu Sailing School cuenta con una academia de música integrada por una banda de metales y por un coro que amenizan varias de las competiciones organizadas por la propia escuela o en las que toman parte sus estudiantes, y también con una división que, bajo la denominación de Schooling Projects, ofrece a los beneficiarios de los programas de la escuela clases de refuerzo de física y matemáticas en que los casos prácticos sobre el mundo de la vela amenizan la lección.

Además de contar con una regata propia promovida por la Fundación Izivunguvungu en colaboración con la Marina Sudafricana, que con el tiempo se ha convertido en una cita importante del calendario nacional en la clase dinghy, la escuela fomenta la competitividad saludable entre sus alumnos brindado al mejor de cada semana la posibilidad de participar en una serie eliminatoria que da acceso a los mejores de cada promoción a regatas y competiciones oficiales celebradas por toda la geografía sudafricana.

Los Commonwealth Games, el evento multideportivo en el que participan cada cuatro años los miembros de la Mancomunidad Británica de Naciones –una unión de cincuenta y tres países que comparten lazos históricos con el Reino Unido–, se consideran una de las mayores citas deportivas del mundo. Combinación de disciplinas deportivas de gran difusión como el atletismo, la natación o el ciclismo, y de deportes de ámbito más local como el squash, el rugby o los bolos, esta competición iniciada en 1930 cumplió su decimoctava edición en 2006, con la ciudad australiana de Melbourne como sede. A fin de capitalizar en favor de la comunidad los beneficios de un evento que atrajo al estado australiano de Victoria a 4500 atletas, los organizadores del evento desarrollaron una serie de iniciativas que, bajo la denominación común de Equal First, acercaron la magia de los Commonwealth Games a una serie de colectivos con riesgo de exclusión.

A fin de convertir a los Juegos de Melbourne en una celebración de la diversidad, y de promover a través de ella la inclusión social, el espíritu del fair play y el respeto por la diferencia, Equal First prestó atención en primer lugar a los discapacitados, un colectivo tristemente excluido en las grandes citas deportivas o culturales. De este modo, toda la información sobre el evento se difundió en formatos especiales para ciegos y sordos, y se diseñó un sistema para facilitar el acceso en silla de ruedas a todos los recintos en los cuales se desarrolló la competición, además de ofrecer soluciones a medida para que todo tipo de discapacitados pudieran concurrir a la cita con los Commonwealth Games.

En segundo lugar, Equal First favoreció la integración laboral de chicas y chicos con dificultades de aprendizaje, inmigrantes y desempleados a través de su programa de voluntariado, que, más allá de brindar a estos colectivos la oportunidad de formar parte de la familia de los Juegos, les abrió nuevas oportunidades profesionales en los ámbitos de la construcción, el deporte y el ocio. Además, en el proceso de selección de voluntarios tomaron un rol activo todas las comunidades y el tejido asociativo representadas en la ciudad de Melbourne, de modo que todos los colectivos se vieron debidamente representados. Los responsables del evento también favorecieron el intercambio de experiencias entre deportistas y voluntarios, y organizaron un festival de la juventud paralelo a la competición para dar voz a los más jóvenes.

Por último, y de nuevo amplificando una de las señas de identidad de Melbourne, su diversidad étnica, Equal First desarrolló un programa de actividades paralelo a los Juegos para celebrar su riqueza cultural. La coincidencia en el tiempo de los Commonwealth Games con la Semana de la Diversidad Cultural o con el Día para la Eliminación de la Discriminación Racial favoreció estas sinergias, y numerosos actos comprendidos dentro de los Juegos, como la bienvenida a los diversos equipos por parte de la ciudad, incluyeron manifestaciones artísticas a cargo de a la población indígena.

Adicionalmente, Equal First realizó una valiosa labor pedagógica para asociar al gran evento deportivo valores como la diversidad o el respeto por la diferencia que luego fue difundida en escuelas, promovió acciones para que las familias con ingresos más bajos pudieran asistir a los Juegos a precios asequibles, e incorporó criterios de acceso igualitario para cubrir todas las plazas necesarias para la organización de los Commonwealth Games, entre otras muchas iniciativas encaminadas a cohesionar la comunidad local, reducir las desigualdades de la misma y promover internacionalmente la diversidad desde el púlpito de un evento de tanto alcance mediático y social.

Creado el 19-03-2007 [Vela, Desmotivación escolar, España]

El Programa de Aprendizaje de Vela es el primer proyecto auspiciado por la Fundación Laureus Sport for Good en España, y se ha llevado a cabo en colaboración con el Consorcio El Far, fundado en 1993 y cuya actividad se basa en el desarrollo de actividades instructivas dirigidas a aumentar las oportunidades de empleo, especialmente las relacionadas con el ámbito de la navegación.

Este proyecto, el número 40 de esta prestigiosa Fundación, uno de los tres pilares del movimiento Laureus junto a los Laureus World Sports Awards y a la Laureus World Sports Academy y cuyo fin fundacional es utilizar el poder del deporte para afrontar retos sociales, pretende acercar a jóvenes de entre 14 y 16 años –es decir, estudiantes de Segundo Ciclo de ESO– con riesgo de abandono de sus estudios al mundo de la navegación, en un intento de mejorar sus perspectivas educacionales y laborales.

Inaugurado en mayo de 2006 en un acto que contó con la presencia de Edwin Moses, Robby Naish y Hugo Porta en representación de la Academia Laureus World Sports y de varias autoridades locales, entre ellas el alcalde de la Barcelona, el Programa de Aprendizaje de Vela está promocionado por el departamento de deportes del Ayuntamiento de Barcelona y esponsorizado por la Fundación Laureus España.

El Programa tiene su sede en la escuela de Profesiones Marítimas de Barcelona y en la embarcación de 23 metros FarBarcelona, original de 1874 y restaurada por estudiantes dentro de otro programa desarrollado por el Consorcio El Far. Sin embargo, sus actividades no sólo se basan en la mera experiencia de la navegación, sino que incorporan clases de matemáticas y de otras disciplinas, y fomentan la socialización y el diálogo entre sus participantes.

En definitiva, y en palabras de sus organizadores, el Programa pretende que los alumnos sean capaces de llegar a realizar con autonomía las maniobras que comprende la navegación a vela tradicional, mientras trabajan en paralelo los diversos valores asociados a ella: desde el trabajo en equipo y la asunción de responsabilidades, hasta valorar la autoridad y respetar el medio. Se prevé que, durante los próximos dos años, 900 estudiantes puedan beneficiarse del Programa.