África
La iniciativa ACRO Ghana persigue la prevención de la criminalidad y el fomento del respeto a los derechos humanos como vías para el fortalecimiento del tejido social de esta república que, a pesar de tener una economía más fuerte a la de los países más pobres del continente africano, cuenta con comunidades sumidas en una situación de pobreza crónica que tensan las convivencia de la sociedad ghanesa. ACRO Ghana presta especial atención al colectivo de reclusos del país, cuyo alto índice de criminalidad juvenil y sus insuficientes y superpobladas infraestructuras penitenciarias han conducido a las administraciones a emprender sin éxito programas de excarcelación sin el menor énfasis en la reinserción de los reclusos amnistiados. Para mejorar este mecanismo, ACRO Ghana desarrolla actividades de inclusión social basadas en la práctica deportiva –en especial el fútbol– enfocadas a la promoción de la paz, la igualdad de género, el desarrollo personal y comunitario y la disminución de la pobreza.
Sobre estas bases, y de forma sintética, ACRO Ghana ofrece a los ex-reclusos, las personas excluidas socialmente y los miembros de las comunidades más pobres del país la oportunidad de participar en proyectos que giran alrededor del fútbol para contribuir a su desarrollo personal y social y para brindarles la oportunidad de pasarlo bien. Sin tener en cuenta las aptitudes individuales, el sexo o o la procedencia de los participantes, y con ayuda del personal de la asociación y del tejido de voluntarios que colaboran con la misma, ACRO Ghana desarrolla sus proyectos en colaboración con las empresas, fundaciones y clubes deportivos de las áreas en las que opera, creando un vínculo directo y a pie de calle con las comunidades a las que beneficia con su acción.
Entre los programas de ACRO Ghana cabe destacar la iniciativa Happy Community Sports, desarrollada en el distrito ghanés de Dormaa, y que persigue la reducción de los índices de criminalidad, la inclusión social a través de actividades lúdicas y el fomento del deporte brindando a hombres y mujeres de todos los grupos de edad la oportunidad de practicar no sólo el fútbol, sino el voleibol, el ciclismo, el atletismo o la danza. El proyecto Mmofra Kyèfa Playgrounds, por su parte, se desarrolla en la misma área geográfica, pero está dirigido específicamente a niños y niñas y gira entorno a la capacitación infraestructural de la zona para que los más pequeños tengan un lugar en el que jugar. La iniciativa no sólo fomenta la práctica deportiva y el compañerismo entre el segmento infantil, sino que mejora la autoestima global de la comunidad, que tiene la oportunidad de construir con sus propias manos, y con la asistencia de ACRO Ghana, estos espacios de recreo.
Atención especial merece el programa Prisons Sports, que persigue la rehabilitación de ex-reclusos y su integración en las comunidades en que residen. La metodología del programa se inicia seis meses antes de la liberación de los reclusos de las cárceles de las áreas de Sunyani y Dormaa, fomentando la práctica deportiva en los centros penitenciarios. Capturando su atención con la magia de un balón de fútbol, voleibol o ping-pong, por citar algunas de las disciplinas deportivas que incorpora el programa, se desarrolla en paralelo a los entrenamientos un completo programa de reinserción social, en el que juega un papel relevante el compañerismo y la amistad que se establece entre sus beneficiarios. Al término del programa, muchos de sus participantes se integran en el mundo laboral nada más salir de la cárcel, y la mayoría siguen practicando los deportes que les abrieron las puertas a una nueva vida, lo cual fomenta unos hábitos de vida saludables y evita su reincidencia.
Con base en el puerto de Simon’s Town, localidad sudafricana próxima a Ciudad del Cabo, la escuela náutica Izivunguvungu –que recibe su nombre de una palabra en idioma isizulu referida a un tipo de viento fuerte y rápido– nació en 2001 por iniciativa de Ian Ainslie, experto matemático y exponente olímpico del deporte náutico africano, en colaboración con su amigo e instructor de vela Matthew Mentz. Originada a partir de la fundación homónima subvencionada por la naviera española Mediterranean Shipping Company (MSC), el objetivo de la escuela en sus orígenes fue formar a varios de los jóvenes tripulantes del equipo Shosholoza, uno de los desafíos que concurrieron a la edición de la America’s Cup celebrada en Valencia en 2007, para pasar a convertirse más adelante en un centro deportivo de alto nivel que abre sus puertas preferentemente a los jóvenes desfavorecidos con difícil acceso al ámbito laboral y con problemas de integración social. La popularidad del programa conjunto con el equipo Shosholoza, uno de los desafíos que recibió una mayor atención mediática en la cobertuda de la America’s Cup, dio el pistoletazo de salida por todo lo alto a una iniciaitva que, con el tiempo, se ha estabilizado y convertido en una iniciativa no lucrativa de gran alcance y proyección.
Convencidos de los valores intrínsecos a la práctica de un deporte que fomenta tanto la cultura de equipo como la vela, y de la solidad oportunidad de forjarse un futuro en el ámbito náutico que supone una formación adecuada y basada en la excelencia en esta disciplina, los responsables de la escuela Izivunguvungu acogen a más de ciento setenta chicos y chicas de entre 11 y 18 años de las poblaciones de Red Hill, Ocean View, Masiphumalela y Simonstown, y les explican los fundamentos no sólo de la competición náutica, sino de la construcción naval, el medio ambiente, los hábitos de vida saludables y la alfabetización.
Los programas de la escuela se dividen en cinco categorías. En primer lugar, la academia náutica combina clases de navegación, nociones básicas sobre náutica y entrenamientos en las categorías de keelboat y dinghy sailing destinadas a formar futuros campeones sudafricanos de procedencia humilde. El departamento de Deep Sea Angling organiza salidas a la bahía de False Bay para practicar la de pesca gran altura en alta mar, una práctica que fomenta especialmente el trabajo en equipo. En tercer lugar, la sección de actividades deportivas y medioambientales incluye disciplinas alejadas de la línea de mar como la escalada de rocas o el montañismo u otras de tipo subacuático como el body surfing, combinándolas con programas divulgativos sobre reciclaje, funcionamiento de ecosistemas, etcétera. Asimismo, la Izivunguvungu Sailing School cuenta con una academia de música integrada por una banda de metales y por un coro que amenizan varias de las competiciones organizadas por la propia escuela o en las que toman parte sus estudiantes, y también con una división que, bajo la denominación de Schooling Projects, ofrece a los beneficiarios de los programas de la escuela clases de refuerzo de física y matemáticas en que los casos prácticos sobre el mundo de la vela amenizan la lección.
Además de contar con una regata propia promovida por la Fundación Izivunguvungu en colaboración con la Marina Sudafricana, que con el tiempo se ha convertido en una cita importante del calendario nacional en la clase dinghy, la escuela fomenta la competitividad saludable entre sus alumnos brindado al mejor de cada semana la posibilidad de participar en una serie eliminatoria que da acceso a los mejores de cada promoción a regatas y competiciones oficiales celebradas por toda la geografía sudafricana.
La iniciativa Tambores por África surge del equipo de emprendedoras integrado por Teresa Ferreiro, Zulmarie Padin, Anna Klamburg y Míriam Algueró, provenientes de distintos ámbitos y unidas por idea de Ferreiro para acercar al primer mundo «el corazón y la experiencia de África», así como para respaldar proyectos humanitarios como el de la organización no gubernamental Orphanage África, que, entre otras actividades, asiste en su orfanato en Ayeniah (Ghana) a cincuenta niños y niñas huérfanos, en su mayoría enfermos de Sida o discapacitados físicos y psíquicos.
El primer acto promovido por Tambores por África para ayudar a esta entidad fue el concierto 600 Tambores por África, encuadrado en la programación del 2º Festival Internacional de Percusión de Catalunya y que tuvo lugar el pasado 25 de febrero de 2007 en el Auditori de Barcelona. Esta innovadora propuesta lanzó el reto a seiscientas personas de aprender juntas a tocar el djambé –paradigmático instrumento de percusión africano– durante una hora y bajo las instrucciones de seis monitores especializados, en un intento de replicar la estrecha conexión que las comunidades africanas alcanzan a través de la música. Además de recaudar el importe de la venta de entradas –con un precio único de 22 euros, y que se agotaron en el tiempo récord de tres semanas–, Tambores por África habilitó un número de cuenta para las donaciones anónimas y abrió las puertas al patrocinio empresarial, saldando su primer evento con un gran éxito en todos los apartados.
La realización del evento fue posible gracias a la cesión de los instructores e instrumentos por parte de de Sewa Beats, una innovadora compañía fundada por Doug Manuel, percusionista y antiguo realizador de documentales para la BBC, que realiza programas de formación empresarial basados en el lenguaje elemental de los ritmos y tambores africanos en combinación con las más recientes técnicas de formación corporativa. Sus programas de team building gozan de gran popularidad, y entre los clientes de su filial española, dirigida por Teresa Ferreiro, se encuentran empresas tan destacadas como Caprabo o Banesto. Por lo que respecta al diseño y desarrollo de la imagen del programa, este corrió a cargo de la compañía XuXulanstrum, encabezada por Míriam Algueró.
Por lo que respecta al principal beneficiario del exitoso evento, la organización Orphanage Africa (http://www.oafrica.org), su origen se remonta a octubre de 2002. Su fundadora, Lisa Lovatt-Smith, abandonó su cómoda y exitosa carrera profesional en el primer mundo tras comprobar en primera persona las estremecedoras condiciones de vida de los niños y niñas huérfanos de Ghana, y se mudó al país africano con la intención de dedicar sus esfuerzos a ayudar a este colectivo. Desde 2005, Orphanage Africa cuenta con una casa de acogida en el poblado de Ayeniah, y aspira a doblar antes del final de 2007 su cifra actual de huérfanos hasta alcanzar los cien beneficiarios de su actividad, un hito cifrado económicamente en 46.000 euros. Orphanage Africa, además, presta su colaboración a otros orfanatos y desarrolla programas de asistencia a la comunidad ghanesa tales como el establecimiento de granjas, enfermerías y escuelas, además de financiar la educación de 230 niños en una apuesta decidida por la educación como vía de escape de la marginalidad. Además de por iniciativas como 600 Tambores por África, Orphanage Africa realiza sus acitividades gracias a los donativos anónimos o a diversos patrocinios, así como a un numeroso grupos de voluntarios que prestan sus servicios desde el primer mundo o bien sobre el terreno.
La reveladora experiencia vivida durante su participación en el Rally Dakar de 2005 hizo que el traumatólogo Xavier Mir, largamente relacionado con el ámbito del motor y amigo de pilotos como Nani Roma, se planteara encabezar un proyecto con el que paliar las limitaciones y necesidades médicas del continente africano. Sólo un año más tarde, ese leitmotiv encontró la horma de su zapato en la Fundación Dakar Solidario, fundada por Mir con el respaldo de varios primeros espada del deporte de motor –Marc Coma, Jordi Viladoms, el propio Roma, etcétera– y diversas empresas. De este modo, el fin fundacional de la Fundación Dakar Solidario, en palabras extraídas de su propia web oficial, es «hacer llegar a los hospitales y centros médicos de la zona (id est. los países más pobres de África que atraviesa el trazado de la prueba) medicamentos, equipamiento y material médico aprovechando la celebración del Rally Dakar».
Durante sus tres primeros años de actividad, las acciones de la Fundación se han concentrado principalmente en la zona de Mauritania, un país con un índice de mortalidad infantil del 96,7 por 1000 y en el cual la esperanza de vida es de sólo 52,5 años, y que además enfrenta un futuro incierto con un nivel de analfabetismo que alcanza, en el caso de las mujeres, al 68,7% de su población.
De entre las diversas acciones desarrolladas en favor de esta nación tan precaria, la iniciativa Pilotos por África ha sido una de las que ha recibido una mejor acogida. Presentada en sociedad el 3 de julio de 2006 con motivo del arranque en el Circuito de Montmeló del Gran Permio de Motociclismo de Cataluña, el proyecto propuso una subasta benéfica a través de la popular página de eBay, de modo que en el intervalo entre los días 3 y 13 de julio, aficionados al deporte del motor de todo el mundo tuvieron ocasión de pujar por piezas exclusivas y únicas de más de 50 pilotos de fama mundial en las diversas disciplinas del deporte sobre ruedas.
La recaudación obtenida por la subasta de estos preciados tesoros, guantes, monos, cascos, botas y otros mucho ítems con olor a gasolina cedidos por estrellas de la talla de Fernando Alonso, Marc Coma, Dani Pedrosa, Valentino Rossi, Adam Raga, Alex Crivillé, Carlos Sainz, Pedro Martínez de la Rosa o Sete Gibernau, se destinó a las acciones humanitarias desarrolladas por la Fundación en el marco del Rally Lisboa Dakar de 2007. De este modo, entre los días 3 y 21 de enero de 2007 se puso en marcha una caravana con dos camiones de asistencia, un trailer y un coche de asistencia que repartió material sanitario y medicamentos a siete hospitales de Mauritania y Senegal, una parte de los cuales se obtuvieron por la aportaciones de miles de internautas que no quisieron perder la oportunidad de hacerse con un objeto de sus ídolos.
El éxito de la iniciativa Pilotos por África ha favorecido otras subastas de ítems relacionados con el mundo del motor con fines benéficos, siendo especialmente destacable la cifra de 22.660 euros recaudados por la venta en Internet de una motocicleta del campeón italiano Valentino Rossi durante su etapa en la cilindrada de 125cc., cuyos beneficios se destinaron a la ONG italiana Asociación Amigos por la Vida.