Casos recientes

Creado el 31-07-2008 [Discapacidad, Estados Unidos, Maratón]

Nacida en 1961 en la metrópoli afgana de Kabul, la historia de vida de Nooria Nodrat es un valioso testimonio de cómo la discapacidad puede enfocarse en positivo y mejorar la vida de quien la padece en el medio y largo plazo. Proveniente de una familia humilde que, con sólo dieciséis años, la obligó a casarse por conveniencia con un hombre cinco años mayor que ella, Nodrat vivió de cerca las duras barreras que la sociedad afgana impone a los ciegos, siendo su padre y su hermano invidentes. Interesada en los retos diarios que afrontaban sus dos parientes discapacitados, Nooria aprendió el lenguaje Braille y trabajó en el Instituto para los ciegos de Kabul, adquiriendo un bagaje que, a la luz de su biografía, acabaría resultando altamente beneficioso para la joven.

En 1988 la desgracia empezó a cernirse sobre Nooria con el triste secuestro de su hermano a manos de un grupo de fanáticos, un primer contacto con las sórdidas agendas terroristas que, sólo unos años después, se cobrarían la vida de su marido en un cruel atentado. Estos acontecimientos forzaron su migración a Nueva York en 1995, y también la dura separación de sus dos hijos, que se quedaron en Afganistán bajo el cuidado de la familia de su fallecido padre. Cuando Nooria logró por fin poner orden y rumbo en su nueva vida en suelo estadounidense, una última desgracia cambió para siempre su perspectiva de las cosas: en 1997, el ataque de un desaprensivo en el metro neoyorquino le destrozó sus dos retinas, y tras una larga lista de operaciones y de esperanzas rotas, se quedó ciega y perdió sus dos ojos definitivamente en 2003.

Del accidente en adelante, Nodrat decidió plantarle cara a la vida y afrontar con ganas un futuro más bien incierto en las postrimerías de la década de 1990, y con el nuevo siglo empezó a estudiar para convertirse en una psicóloga clínica, consiguió traer a sus hijos a Estados Unidos, e inició una activa carrera como defensora de los derechos de las personas discapacitadas al frente de asociaciones como la división neoyorquina de la National Federation of the Blind. Sus principales esfuerzos se enfocan a ayudar a los estudiantes ciegos a afrontar sus ciclos formativos con las mayores garantías de éxito, pero Nodrat también reserva tiempo y energías para la futura creación de una fundación con la que asistir a las mujeres ciegas de Afganistán. Su talante emprendedor le ha permitido además acceder a diversas becas y ayudas, entre las que destaca una singular contribución por parte de la compañía on-line Yahoo! en forma de un perro guía a quien Nooria bautizó en honor a sus patrocinadores.

El gesto más reciente de Nooria Nodrat en favor de la normalización de la discapacidad en nuestra sociedad fue su participación en la popular Maratón de Nueva York de 2007, una prueba en la que ya tomó parte un año antes, pero que la inagotable afgana afronta como un inmejorable escaparate para a dar a conocer su dura historia y ejemplificar con ella la inexistencia de barreras para los verdaderos luchadores.

Creado el 28-07-2008 [Marginalidad, Irlanda, Racismo, Rugby]

Por tratarse de una de las disciplinas deportivas más severas físicamente, y por estar asociada erróneamente en el imaginario colectivo a fuertes golpes y peleas entre jugadores, el rugby ha tenido tradicionalmente una implantación escasa entre las capas más jóvenes de la sociedad incluso en los países en los que se sigue con mayor fervor este deporte de raíz británica. En un intento de paliar este déficit, por un lado para fomentar su práctica pero también para suavizar los prejuicios asociados a la misma, Mini Rugby nace como una iniciativa de la Irish Rugby Football Union dirigida a brindar un marco estructural y normativo a la práctica del rugby entre los chicos y chicas de entre ocho y doce años. Aprovechando esta oportunidad de asociar valores y deporte, la iniciativa da una vuelta más de tuerca al fijar a través de ese marco normativo unos criterios de participación e inclusión que hagan accesible la práctica del rugby a chicos y chicas de todo origen y condición, lo cual brinda una dimensión social extra a la iniciativa.

Por citar algunos de los mensajes a favor de la inclusión que incorpora el decálogo para la práctica del Mini Rugby, el código para jugadores se inicia con la siguiente norma: juega para divertirte y para formar parte de la familia del rugby. A continuación, el mismo documento pone de manifiesto la importancia del trabajo en equipo, una máxima aplicable dentro y fuera del campo de juego, y rompe una lanza a favor de la no discriminación de los oponentes destinada a evitar el reprobable y tristemente actual fenómeno del bullying. En líneas generales, el código para los jugadores promueve también los valores familiares, la humildad y la deportividad.

En paralelo a este código dirigido a los jóvenes jugadores y jugadoras, la iniciativa Mini Rugby plantea tres códigos más dirigidos a los padres, entrenadores y aficionados con los cuales el programa refuerza su dimensión social. En el primero se pone de manifiesto que los padres han de dar ejemplo a sus hijos, y que por tanto han de saber transmitirles valores como el respeto al adversario –aplaudiendo, por ejemplo, las acciones más acertadas del equipo rival–, la deportividad –acatando con compostura las decisiones arbitrales–, o la importancia de usar un lenguaje adecuado y de promover los valores del trabajo en equipo. Asimismo, los entrenadores han de asumir y actuar en consonancia con su responsabilidad sobre los jóvenes jugadores y jugadoras, evitando hacer diferencias que fomenten la exclusión social y transmitiendo a sus alumnos que, en definitiva, el rugby es un entretenimiento en el que la victoria o la derrota no son nunca lo fundamental. Por último, el código para aficionados apela a uno de los valores más interesantes desde el punto de vista social que suscitan los deportes: el orgullo por el propio club, entendido como un afecto que se debe enaltecer sin incurrir en acciones deshonestas, violentas o abusivas.

Estas y otras normas, muchas de ellas centradas puramente en el correcto desarrollo del juego, se recogen en un código ético realizado expresamente para la modalidad infantil del rugby que la iniciativa Mini Rugby pretende promover. Para asegurar la adhesión a las mismas de los equipos que deseen competir en torneos o ligas, la Irish Rugby Football Union facilita a través de su página web una declaración de intenciones que debe ser firmada por los cuatro colectivos de participantes que convergen en la competición y que hemos citado anteriormente: jugadores, entrenadores, padres y espectadores.

El británico Miles Hilton-Barber empezó a perder visión a la edad de 21 años por causa de una enfermedad genética, y en sólo nueve años se quedó completamente ciego. Para afrontar esta dura circunstancia, Hilton-Barber decidió convertir su historia de vida en un ejemplo de superación, de modo que su experiencia sirviera a otros invidentes y discapacitados para afrontar con entereza y buen ánimo las dificultades con las que se miden a diario los integrantes de dichos colectivos. El principal ámbito desde el que Miles ha desarrollado esta labor ejemplar –en ocasiones imbricada con la recaudación de fondos para diferentes causas benéficas– es el de los deportes de aventura, un terreno tradicionalmente vetado para las personas discapacitadas.

La primera sinergia entre la aventura y el impulso a la inserción social de los discapacitados promovido Hilton-Barber se produjo en 1999, cuando, a sus cincuenta y cuatro años de edad, el británico completó con éxito la más dura de las rutas a pie del calendario internacional: el Maratón des Sables, que comprende una travesía de doscientos cuarenta kilómetros a través del desierto del Sahara a temperaturas de hasta 48 grados centígrados. Sólo un año después, Hilton-Barber acometió un reto aún mayor en compañía de su inseparable guía y amigo Jonathan Cook, y se convirtió en la primera persona invidente en alcanzar una altura de 5.334 metros en su ascenso al Kilimanjaro, la montaña más alta de África. Todavía en 2000, remataría su póquer de hazañas con el ascenso al europeo Mont Blanc y con su travesía de 400 kilómetros a través de la Antártida.

Entre 2001 y 2002, Miles Hilton-Barber tomó parte en pruebas tan severas como una maratón de once días a través de China –en la que cruzó una porción del desierto del Gobi y escaló una montaña tibetana de más de 3.650 metros de altura–, el ascenso al Ben Nevis, el pico más alto del archipiélago británico, o una travesía de doscientos kilómetros que cruzó el desierto de Qatar y le convirtió de nuevo en un hombre récord. En 2003, Miles formó parte del conocido proyecto Around the World in Eighty Ways, una vuelta al mundo de noventa y tres días de duración en que una expedición de tres aventureros discapacitados cruzó un total de quince países en una circunvalación de más de sesenta mil kilómetros a bordo de ochenta medios de transporte diferentes. La entusiasta acogida por parte del público y de los medios de este último proyecto en favor de la inclusión favoreció el nombramiento de Miles Hilton-Barber como Persona del año en el ámbito del deporte alternativo, un prestigioso galardón otorgado con carácter anual por la cadena británica BBC Radio 5.

2003 fue también el año en que Hilton-Barber inició su imparable historial de hazañas aéreas convirtiéndose en el primer invidente en cruzar el Canal de la Mancha a bordo de un avión ultraligero, y sólo un año más tarde fue el primer británico en alcanzar una altura de 6,19 kilómetros en una aventura de máximo riesgo en que las temperaturas de -55 grados llegaron a congelar sus instrumentos de cabina. Pero su mayor logro aeronáutico fue la ruta de 21.500 kilómetros entre Londres y Sydney que, por espacio de cincuenta y cinco días, realizó en 2007 a bordo de un ultra ligero, un hito sin precedentes que fue posible gracias a una puntera tecnología de pilotaje por voz y a la inestimable ayuda de su copiloto, Richard Meredith. En paralelo a estas aventuras de altura, Hilton-Barber también ha protagonizado en los últimos años retos deportivos de buceo, rápel o bobsleigh, disciplinas sin secretos para un aventurero que ha cimentado su carrera en planteamientos tan brillantes como este, recogido en su página web personal: «los únicos límites que existen en nuestras vidas son los que nosotros mismos aceptamos».

Creado el 14-07-2008 [Marginalidad, Colombia, Polideportivo, Arte]

En líneas generales, la iniciativa Mientras volvemos a casa atiende a los centros penitenciarios, a las personas desplazadas y a los niños de la calle de Medellín para que puedan realizar actividades lúdico-recreativas o de tipo deportivo que conduzcan a su integración social en el estado transitorio de exclusión en el que se encuentran. Naturalmente, cada uno de estos tres colectivos cuenta con un programa específico diseñado a su medida. En el caso de las personas privadas de libertad, un ámbito en el que el programa irrumpió en 2004 tras un estudio pormenorizado de la población presa a cargo de asesores y estudiantes en prácticas del Instituto de Educación Física de la Universidad de Antioquía, las actividades propuestas por INDER Medellín en los cuatro centros adscritos a la iniciativa se reparten entre las siguientes disciplinas: fútbol sala, baloncesto, voleibol, gimnasia, microfútbol, aeróbicos y entrenamiento multifuncional.

Por lo que respecta a las personas en situación de desplazamiento, su incorporación al programa Mientras volvemos a casa se produjo también en 2004. Este peculiar colectivo, coordinado por la Unidad de Atención y Orientación a Desplazados (UAO) –gestionada a su vez por la Red de Solidaridad Social colombiana–, lo integran personas que abandonan sus lugares de origen por distintas circunstancias, y que permanecen en barrios de acogida por periodos de entre tres y seis meses. Por la especificidad social de estas comunidades, muchas veces convertidas en ghettos, INDER desarrolla programas de fomento de la práctica física y deportiva a medida, coordinados por estudiantes en prácticas, repartidos por diez asentamientos en todo Medellín, y de los cuales se beneficiaron, sólo en 2006, alrededor de 448 personas –de las cuales un 65% son niños–.

En tercer lugar, el programa Mientras volvemos a casa también se dirige a las personas que viven en las calles de Medellín en situaciones de extrema pobreza. La principal complicación para aglutinar a este colectivo y brindarle la posibilidad de tomar parte en actividades físicas y deportivas es su movilidad, motivo por el cual el programa se desarrolla en estrecha colaboración con diecisiete entidades que acogen a este tipo de personas en la ciudad de Medellín, entre ellas El Buen Pastor, Patio Don Bosco, Poder Joven, Proanidar, Fundación Combos, Antorchas de la Tía Lala, Asperja, la Fundación Mamá Margarita y Niños del sector Estadio. Este tercer target del programa, integrado en su mayoría por niños de la calle, recibe de parte de INDER acompañamiento y asesoría deportiva, salidas a parques recreativos y jornadas recreativas y campamentos. Asimismo, el programa forma a monitores para que puedan impartir clases de microfútbol y recreación a los sin techo, y les provee de material deportivo y didáctico.

En resumen, y desde su inicio en 2004, la iniciativa Mientras volvemos a casa ha arrojado excelentes resultados. En las cárceles, ha favorecido la capacitación de reclusos que actualmente orientan y coordinan las actividades recreativas y deportivas de sus propias cárceles. En las calles, ha mejorado los procesos de enseñanza de los niños sin hogar, y ha favorecido que varios de ellos hayan regresado a sus casas. En cuanto a los practicantes universitarios que han diseñado y coordinado varias de sus actividades, el programa les ha resultado altamente enriquecedor, al permitirles explorar escenarios de enseñanza con pocos referentes metodológicos que han supuesto un verdadero reto pedagógico.