Ficha de miembro

Doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard (J.F.K. School of Government), Carlos Rufín es profesor de management internacional en la Sawyer School of Business de Suffolk University en la ciudad de Boston.
Su trabajo de investigación se centra en la relación entre empresas y estados, particularmente en cuanto a la regulación y a la estrategia en la empresa privada. También se ha interesado por el estudio de iniciativas privadas dirigidas a atender las necesidades de los segmentos más desfavorecidos de la población en países en desarrollo. Ello le ha llevado recientemente a examinar las alianzas entre empresas y organizaciones no gubernamentales, así como el fenómeno de los emprendedores sociales.
El Dr. Rufín cuenta con experiencia como analista, consultor y asesor en diversas compañías, así como en el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y muchas otras organizaciones. Es miembro del Consejo Académico de la Fundación.
Desde un punto de vista meramente humano/filosófico: ¿crees que vale la pena apostar por el deporte y la cultura como medios favorecedores de la integración social de colectivos en riesgo?
Sin duda alguna que vale la pena. El enorme atractivo de deportes como el fútbol y manifestaciones culturales como la música “pop” a nivel mundial es una muestra palpable del poder aglutinador de estas actividades, de su capacidad para hacer vibrar al unísono a cientos de millones de personas de países y culturas muy diferentes. Por tanto el deporte y la cultura constituyen instrumentos valiosísimos para atraer a los miembros de los colectivos en riesgo y hacerles sentir que no están excluidos, porque comparten elementos tan definidores de nuestra identidad como el equipo de fútbol que seguimos o la música que oímos. Y no hay que olvidar que el deporte y la cultura tienen una larga tradición de ser los pioneros en integrar al “otro.” Pensemos en el caso de los deportistas negros en Estados Unidos, los músicos gitanos en España y en los países eslavos, y tantos otros casos.
¿Has tenido conocimiento de algún caso de éxito en el empleo del deporte o la cultura como herramienta de integración social?
No de uno sino de bastantes. Destacaría aquí el caso específico de Afro Reggae, sobre el que se ha hecho un filme de éxito internacional, “Favela Rising,” y sobre el que estoy escribiendo un caso didáctico para cursos sobre emprendedores sociales. Afro Reggae es una organización fundada por jóvenes de uno de los colectivos más castigados de Brasil, los habitantes de las “favelas” de Rio de Janeiro, que sufren a diario la violencia brutal de traficantes de droga y policías corruptos o mal preparados, el drama de la pobreza, y los prejuicios contra su color de piel y lugar de residencia. Afro Reggae ofrece a los jóvenes de las favelas una alternativa a la violencia potenciando las manifestaciones culturales de estas comunidades, principalmente la música y el circo. Su éxito y reconocimiento internacionales le están permitiendo, además, integrar a este colectivo desde el otro lado: educando al resto de la sociedad sobre el potencial de los “favelados” y la necesidad de ayuda y comprensión, y no de rechazo, por parte del resto de la sociedad hacia este colectivo.
Desde tu campo de conocimiento, ¿existe alguna posible línea de investigación que podría ser desarrollada para ofrecer un mejor conocimiento de la relación entre el deporte, la cultura y la integración social?
Entre muchas posibilidades que se me ocurren, quiero mencionar las que se acercan más a mis líneas de investigación, puesto que conozco mejor su potencial. En primer lugar, debemos ver cuáles son los modelos de actuación que guardan mayor potencial, no sólo en cuanto a resultados sino también con respecto a la posibilidad de difusión y expansión de estos modelos. Estamos en un momento de gran transformación de la actividad filantrópica como resultado de la búsqueda de un mayor impacto social de esta actividad. Hemos comprendido que no sólo hacen falta buenos resultados, sino llevarlos al máximo número de personas, tal y como la empresa privada exitosa a menudo busca crecer y llevar sus productos a un público más amplio.
En segundo lugar, asistimos también a un interés creciente de parte de las empresas hacia las iniciativas de carácter social no sólo como forma de compromiso de responsabilidad social, sino cada vez más como forma de llegar a colectivos desatendidos por las empresas de grande porte. Creo que sería importante y valioso investigar la participación de la empresa privada en las iniciativas de integración social por medio del deporte y la cultura. No debemos olvidar que a nivel mundial está habiendo una transformación radical de las organizaciones deportivas de un modelo de club social a un modelo de empresa privada.
¿Qué opinas de un enfoque del problema que reúna a los investigadores, a los que toman decisiones y a los conocedores del deporte y las artes?
Sería muy difícil aportar algo al conocimiento sobre deporte, cultura e integración social sin la participación de cualquiera de estos grupos. Los conocedores del deporte y las artes, ya sea como periodistas, críticos o comentaristas, o desde luego como personas que ejercen el deporte o el arte como profesión, son los “expertos,” los que poseen los conocimientos específicos y por tanto los únicos que pueden llevar a cabo la actividad integradora. No podemos entender esta actividad sin la ayuda de quienes la practican y la conocen a fondo. Los tomadores de decisiones—entendiendo por ello a los que emprenden iniciativas de integración por el deporte o la cultura, o a los que apoyan tales iniciativas desde otras organizaciones o con recursos—son obviamente otra pieza clave. Y finalmente, los investigadores podemos contribuir con nuestra capacidad de síntesis para facilitar el aprendizaje y la difusión de las experiencias encontradas. En todo caso, yo sugeriría la posible inclusión de otro grupo, que es precisamente el de los colectivos de riesgo, puesto que necesitamos también conocer sus perspectivas sobre las iniciativas de integración. Debemos evitar a toda cosel paternalismo que podría derivarse de desarrollar propuestas sin la participación de sus destinatarios.